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Historia de la ciudad

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Escribir un resumen de la historia de Solin, la que una vez fue la capital de una provincia romana, describiendo al mismo tiempo algunos de sus monumentos importantes, es una tarea atractiva, pero que a la vez conlleva una gran responsabilidad. Es bien sabido que la ciudad de Salona se extingue y desaparece a fines de la Antigüedad, para no restablecerse más. En la Edad Media el territorio urbano de Salona comprendía todo el antiguo agro salonitano, constituido a fines de la República romana, que se encontraba entre tres centros importantes que se enfrentaban con frecuencia: las ciudades de Trogir y Split y la fortaleza de Klis, que por mucho tiempo estuvo en manos de las familias nobles croatas para luego pasar a manos turcas. Esa circunstancia definió el destino de la antigua ciudad de Salona, hoy Solin, y de todo su su alrededor.

El nombre de la ciudad

El nombre de la actual ciudad de Solin, que deriva del de la antigua ciudad de Salona, aparece en latín tanto en su forma singular, Salona, como en la plural, Salone (-ae). La forma Salona es similar al nombre de varios lugares (ciudades), ríos y montañas de la época, como por ejemplo: Albona (Labin), Flanona (Plomin), Aenona (Nin), Scardona (Skradin), Narona (el antiguo nombre del río se conservó en su forma actual – Norin, mientras que el nombre de la ciudad se perdió) y Pronoma (la actual montaña Promina). La raíz de todos ellos se esconde en el nombre ilirio de la población, el río o el monte, respectivamente. El por qué el nombre de Solin aparece en las dos variantes mencionadas, en singular como Salona y en plural como Salonae, no es fácil de explicar. Una posible explicación es la del arqueólogo D. Rendić Miočević, según la cual el nombre en plural significaría “la zona de Salona” y se referiría a un terreno más extenso donde después se fundó la ciudad de Salona. Existe otra explicación más reciente, del también arqueólogo N. Cambi, pero antes, ¡una digresión!

Hace tiempo se intenta determinar el lugar del primer asentamiento ilirio prehistórico o protohistórico. Lo que sí se sabe es que en la segunda mitad del primer milenio a.C. , e incluso antes quizás, los délmatas ilirios fundaron muchos asentamientos en los cerros cercanos a la costa y alrededor del río Salon. En base a analogías y comparaciones con otras circunstancias de vida en territorios similares, se supone que los asentamientos estaban en alguna elevación o cerro, pero su ubicación exacta es muy difícil de determinar. Eso se debe, entre otras cosas, a los cambios que sufrió la configuración del suelo de toda el área de Solin y sus alrededores. Ivan Marović, un gran conocedor de esa época prehistórica, cree que la “Salona” de entonces podría haber estado en alguna elevación en las laderas meridionales de los montes Kozjak y Mosor. Sin lugar a duda también había asentamientos similares, especialmente los del estilo de Gradina (es decir, fortificaciones) en otros lados: hacia el este bajo el paso montañoso de Klis y hacia el oeste, en la campiña de Kaštela. Según los hallazgos arqueológicos encontrados hasta el momento, debajo de Klis había otras fortalezas o poblaciones amuralladas (oppidum), cerca del manantial del río y en las laderas de las montañas circundantes. Sin lugar a duda una fortificación se encontraba bajo la estructura de la actual fortaleza de Klis, dos estaban en Markezina Greda, luego una en Klis Kosa, Ozrina, Zagradina, Sv. Jure sobre el manantial del río Jadro, etc. En Uvodići, al sureste de Klis, en el lugar conocido como Gradina (fuerte en croata), existen ruinas de la época romana. Allí se descubrieron muros, una cisterna, una inscripción en honor a Júpiter esculpida en una roca y unas “spurillae”, es decir roderas de los carruajes de tiro grabadas en las piedras. Sobre el pueblo de Rupotine se encuentra la colina Žižina Glavica. En la ladera oriental del monte Kozjak, en la zona de Donje Rupotine, hace poco fue encontrada una estructura muy antigua e importante – un asentamiento. Entre otras cosas, en esa ladera, que está cortada por la antigua carretera Solin-Klis, se descubrieron las estructuras de un gran complejo fortificado. El arqueólogo N. Cambi, al intentar interpretar esas ruinas que se extienden por la ladera a ambos lados de la carretera con una longitud de aproximadamente 1 km (en dirección Este-Oeste) y un ancho de más de cien metros, ofreció una explicación interesante de la versión plural del nombre de la ciudad, es decir del nombre Salonae. Tomando en cuenta algunas opiniones e hipótesis anteriores, él considera que las ruinas eran un solo oppidum ilirio (una población o ciudad fortificada) del siglo III o II a.C., que permaneció hasta mucho tiempo después, como lo demuestran las ruinas de un edificio de planta rectangular, probablemente un templo de la república romana tardía o de los comienzos de la época imperial. Ese oppidum estaba fortificado con lo que se llaman murallas megalíticas, es decir las construidas con grandes bloques de piedra. Cambi cree que todas esos pequeños y aislados asentamientos prehistóricos, incluido el mencionado oppidum de Rupotine, tenían el mismo nombre y que precisamente por eso a veces a la ciudad se la denominaba con el plural Salonae. El asentamiento en Donja Rupotina sería uno de los asentamientos fundados cerca del río Salon en las laderas de las colinas circundantes. Sin embargo había también otro asentamiento, fundado cerca del mar, que con el tiempo se convertiría en el centro regional. Por lo tanto, según Cambi se puede concluir que había varios asentamientos llamados Salona que se encontraban cerca unos de otros, debajo de la fortaleza de Klis, a ambos lados del río y a lo largo de todo su curso. Los mismos se unieron bajo un nombre común, tomado del río que corría en su cercanía. Por lo tanto, la forma plural del nombre sería más antigua que la singular. Sin embargo, es preciso acotar que la forma plural se mantuvo hasta mucho después y por ende figura en algunas fuentes escritas, como por ejemplo las de San Jerónimo (segunda mitad del siglo IV-comienzos del siglo V), Eutropio (segunda mitad del siglo IV), Próspero Tirone de Aquitania (hacia el 390 – hacia el 426/8), Marcelino Comes (V siglo) etc.


Como vemos, aún no existe una respuesta definitiva a la pregunta del porqué de las dos formas del nombre de la ciudad. Si aceptamos la explicación de Cambi, resta explicar el uso posterior de la forma plural del nombre que aparece en fuentes fidedignas como lo son los textos de los mencionados cronistas y escritores romanos de la Antigüedad tardía.

La época protohistórica

Las ya mencionadas características geográficas de la zona atraían a las poblaciones a que se asentaran allí e intercambiaran sus bienes y productos, pero también sus ideas, y por tanto su cultura. Es muy probable que por esas mismas razones los griegos, los délmatas (los ilirios) y posteriormente los italicenses se hayan instalado precisamente allí. La hipótesis de que la zona fue poblada tempranamente, se basa en los escasos restos de cultura material allí encontrados, que atestiguan la ininterrumpida presencia del hombre probablemente desde el Neolítico (la Edad de Piedra reciente) hasta los primeros tiempos históricos, cuando se empezó a formar la ciudad. En el área de Solin no se ha encontrado ningún yacimiento arqueológico concentrado en un sitio concreto que atestigüe la existencia de algún asentamiento de esa época, pero en un área un poco más extensa, en la zona de la ciudad vecina de Split, sí se han encontrado pruebas convincentes de vida en esos primeros períodos de la humanidad, cuando estaban habitadas las cavernas de los cercanos montes Kozjak y Mosor, los pasos montañosos junto a los antiguos caminos (Klis), las islas (Brač y Hvar), etc. La conclusión es que el actual Solin, al igual que la mayoría de las actuales ciudades adriáticas, fue fundado en el pasado remoto. Algunos objetos de la Edad del Bronce y de la Edad del Hierro (joyas y armas) encontrados en los vastos alrededores de Salona son de origen ilirio, mientras que otros son griegos. Ellos representan un fuerte testimonio de los contactos comerciales entre los ilirios nativos y el mundo helénico, que precisamente tenían lugar en el área de Solin. Dos de esos objetos son el pequeño recipiente de cerámica (píxide) de origen greco-corintio (siglo VI a.C.) decorado con figuras de animales y plantas y el arete de oro con la figura de Erot, también de origen griego, encontrado en la localidad de Majdan, al pie del monte Mosor (IV/II siglo a.C.). Los productos griegos llegaban al interior por distintos caminos, siendo uno de ellos era el río Naron (Neretva). Es así como en el yacimiento arqueológico de Glasinac, cerca de Sarajevo, se encontraron enseres de guerra y joyas de origen griego, así como en la región de Lika se encontró una formación de ámbar. Fuera de estos escasos hallazgos arqueológicos-materiales, algunas pocas fuentes históricas también atestiguan sobre los contactos de la población local con los colonos grecos, por lo cual combinando todos esos datos se puede presumir la historia temprana de Solin.

Una época posterior se aprecia en las llamadas murallas megalíticas, construidas con grandes bloques de piedra en el lado oriental de la primera ciudad, junto a las puertas de la ciudad y a un enorme capitel con cabezas de toros. N. Cambi recientemente volvió a destacar la importancia del capitel para datar los comienzos de la ciudad, ya que únicamente podría haber sido parte de en una construcción monumental erigida en la primera mitad del siglo I a.C. , y un edificio así podría haberse erigido únicamente ¡en una ciudad ya fundada! Sí se puede contestar con bastante certeza a la pregunta cuándo comenzó el crecimiento urbano de Salona, en el cual alcanzó el estatus de capital de la provincia: aproximadamente en la época helénica tardía, paralelamente con la colonización helenística de las dos costas adriáticas, la croata y la italiana.

Los primeros testimonios escritos sobre el mar Adriático se deducen y se leen en los textos de los escritores griegos que se remontan a la época clásica. El Adriático se menciona en los mitos de ese entonces, así como en los escritos de poetas y escritores, geógrafos y cronistas de viajes de la época en la que se fundaron las colonias griegas en el Mediterráneo. A mediados del primer milenio a.C. , los habitantes de la costa oriental del Adriático entran cada vez con mayor frecuencia en contacto con los comerciantes y marineros, que por lo general se dirigían hacia la boca del río Po en la costa italiana. En ese largo camino marítimo, la isla de Vis se convirtió en el lugar ideal para descansar por estar ubicada en la parte central del Adriático y por ser, relativamente, la isla más cercana a la cosa italiana. A comienzos del siglo IV una serie de acontecimientos en este territorio en gran medida influyeron en el curso de la historia del Adriático: los griegos de Siracusa, impulsados por la política de su soberano Dionisio, primero fundaron la colonia de Issa (Issa – isla de Vis) en la ladera soleada de un pequeño cerro en una bahía protegida (la actual ciudad de Vis) y luego fundaron Faros (Pharos – isla de Hvar) en la profunda bahía del actual Stari Grad. Vale mencionar que en esa misma época fueron fundadas Ancona y Numana en la costa occidental (la italiana) del Adriático. Issa se convirtió una ciudad griega rica, que promovía los intereses griegos en el Adriático oriental, por lo cual probablemente en el siglo III fundó sus ciudades-colonia en la tierra firme vecina: Tragurij (Tragurion, actual Trogir) y Epetij (Epetion, actual Stobreč). Esas ciudades, donde el comercio florecía y avanzaba, son excelentes pruebas de los diversos contactos que tuvieron los griegos con estos confines del adriático, es decir con los ilirios que vivían junto al mar y en el interior de Dalmacia, en la zona montañosa. El centro de todo ese territorio era la Salona o Salonae iliria o délmata, que, por más que también la habitaban los griegos, ¡no era griega! Salonae o longae Salone, como la llama el poeta romano Marco Anneo Lucano (39-65) en su poema Pharsalia, en la temprana época romana (en la época republicana) poco a poco se va concentrando en un punto: en el asentamiento más cercano al mar que el escritor griego Estrabón (aprox. 64 a.C. - 19 d.C.) en su obra Geographica denomina Salona, atribuyéndole el importante rol de puerto délmata, de la salida al mar.

La época romana

En los últimos siglos de la Era Antigua, el área de Salona se convierte en una zona de gran interés para los comerciantes romanos (italicenses) y por ende para la política estatal de Roma, que desde hacía tiempo pretendía extender sus intereses económicos a los Balcanes y al profundo y rico interior ilirio. Después de que las tropas romanas derrotaran en el Adriático meridional a las fuerzas navales de la reina iliria Teuta y su marido Agron (siglo III a.C.) que obstaculizaban el tráfico en la línea Italia-Grecia (como siglos después nuevamente lo harían los piratas de Neretva y Omiš), los romanos continuaron avanzando por un lado hacia el sur, hacia Macedonia, y por el otro hacia el norte, hacia Véneto. Luego los romanos fundaron la colonia de Aquilea, conquistaron Istria y penetraron hasta Sisak (en ese entonces Segestica, Siscia).

A mediados del siglo II a.C. empezaron los enfrentamientos ocasionales entre los romanos y los délmatas, que duraron más de cien años, hasta que Octaviano recién en el año 27 a.C. sometió a los iapodes, a los délmatas y a los panonios, anexándolos al imperio ilirio. Esa nueva gran provincia estaba dividida en dos partes: Panonia y Dalmacia. En ese contexto gradualmente empieza a crecer la importancia de Salona, ya que era una de las grandes ciudades dálmatas. Durante esos siglos también llegan a estas partes del Adriático los italicenses, aunque ya antes los había en Salona (probablemente la mayoría de ellos eran comerciantes, aunque también había marineros y algún que otro artesano). Por ese motivo, en el año 119 a.C. el comandante del ejército romano, el cónsul Cecilio Metelo, decidió pasar con su ejército el invierno precisamente en Salona. Eso se debió a que el ejército tenía que descansar antes de la campaña primaveral contra los ilirios, pero para ello necesitaba un lugar seguro donde los habitantes les estuvieran inclinados. Ese año por primera vez se menciona la ciudad de Salona en las fuentes históricas escritas. 
Como es presumible, la influencia romana en Salona fue cada vez más fuerte después de las victorias de los comandantes romanos sobre los ilirios délmatas, en especial después de la guerra entre (Cayo) Julio César y Cneo Pompeyo, cuyas batallas cruciales fueron en la costa este del Adriático. Salona entonces estuvo de lado del vencedor, César, quien en su famosa obra De bello civili (Lib. III), entre otras cosas también menciona las guerras en el área salonitana. Por su lealtad en la guerra, César elevó la ciudad al rango de colonia romana, probablemente en el año 48/47 a.C. , denominándola Martia Iulia Salona. A partir de entonces decayó la influencia de los griegos de Issa en la ciudad, que poco a poco se fue convirtiendo en una verdadera ciudad romana tanto formalmente (en relación a su urbanización) como culturalmente. En Salona se erigen los edificios que formaban parte del estándar de vida urbana de los romanos: el foro, la basílica (la curia), los templos, las termas, el teatro, el anfiteatro, etc. Por otra parte, a la vida de la región entran las instituciones romanas (su administración y sus leyes), su religión y sus cultos, que se mezclan con los antiguos cultos de los locales. En ese entonces se llevó a cabo la división de la campiña de Split-Solin-Kaštela en agros coloniales - parcelas de igual tamaño llamadas centuriae, a las que llegaron nuevos habitantes. El gobierno romano les daba esos agros creados en los territorios recientemente conquistados y anexados al imperio o a soldados veteranos o a agricultores, que allí formaban colonias veteranas o agricultoras. Fue así como la zona fue poblada por muchos nuevos inmigrantes, que seguramente también poblaron la península de Split y los alrededores de Salona: la zona al oeste de la ciudad hacia Bijaći (el asentamiento Siculi en la época romana) y Trogir y la zona este hacia Stobreč (en griego Epetion) y el actual Primorska Poljica.

En la época de los primeros emperadores que comenzó con Augusto (27 a.C. –14 d.C.), y en especial en la época de Tiberio (14-37 d.C.) y de su sucesor Publio Cornelio Dolabela (14-20 d.C.), en toda la región pacificada (sometida) fueron construidas varias carreteras importantes. Algunas de ellas partían de Salona y a través de Klis se dirigían hacia el interior: una iba a Anderium (hoy Muć) y de allí continuaba hacia el Oeste, otra vía Tiluruim (Trilj) a través del puente sobre el río Cetina iba hacia el Este y Narona (hoy el pueblo de Vid, cerca de Metković) y pasaba por la actual Bosnia central, mientras que la tercera pasaba cerca de Sinj e iba a la colonia Aequum (Čitluk) y de allí al norte, a Panonia. Había también dos carreteras que bordeaban la costa: una iba hacia Trogir y la otra hacia Stobreč y las áreas debajo el monte Mosor, para continuar hacia el Este. Además de estas, se construyeron y/o repararon muchas carreteras locales que unían los existentes asentamientos en el interior, más o menos cercano. Eso también fomentó el crecimiento de Salona en los siglos de paz que siguieron, que se fue convirtiendo en una ciudad cada vez más grande e importante. Sin lugar a duda el puerto de la ciudad tuvo un papel muy importante e irrefutable en eso, ya que allí arribaban los marineros que viajaban por el Adriático tanto del Mediterráneo este como del oeste.

La primera ciudad

La primera ciudad, para ser más precisos el núcleo de la futura Salona, estaba situado en la costa. Allí junto al mar, en el puerto, tuvieron lugar los primeros contactos comerciales y otros entre los griegos de Issa (Vis) y los locales, los délmatas. Salona de a poco se convirtió en el punto de encuentro entre los comerciantes y marineros del Mediterráneo y los habitantes locales. Allí se comerciaba, más bien se trocaban armas, joyas, fuentes de cerámica, etc. por cuero, ganado, comida y, suponemos, también por el queso de oveja y cabra llamado caseus delmaticus (queso dálmata). Existen algunos restos materiales encontrados en el área del foro de la ciudad y en la localidad de Manastirine, como por ejemplo restos de cerámica helénica (III-II siglo a.C.) que comprueban el mencionado contacto establecido y las relaciones comerciales.

Esa primera ciudad, su núcleo y su forma, suscitaron muchas discusiones científicas. El arqueólogo danés E. Dyggve le dio nombres figurativos: urbs vetus, urbs antiqua y urbs graeca. D. Rendić Miočević la llamó urbs quadrata, por la mítica Roma de Rómulo. Dyggve también denominó su ampliación oeste como urbs occidentalis y la este como urbs orientalis. Sin embargo, todos esos nombres son simbólicos y tienen características históricamente cuestionables. Ellos fueron asignados más que nada por razones prácticas, para que las hipótesis al respecto, que no están ni corroboradas historiográfica y/o arqueológicamente ni argumentadas de cualquier otra manera, se pudieran exponer lo más claramente posible. Por eso a esos nombres no habría que prestarles ninguna atención especial en la interpretación sistemática (científica) de los hechos arqueológicos. Mucho más importante, pero a la vez más difícil, es explicar las relaciones entre los habitantes ilirios, griegos e italicenses y esa triple convivencia y coexistencia de tres pueblos en la ciudad que los integraba. Salona con sus múltiples nombres (Salona y Salonae, Solin y Solines) y su estatus de ciudad (oppidum civium Romanorum, también conventus Salonarum – en plural) todavía plantea ante los investigadores muchos enigmas. Eso sucede porque en toda interpretación de los acontecimientos remotos siempre quedan algunos huecos, que no son fáciles de rellenar con los conocimientos actuales. Pero eso no significa que las explicaciones que se van acercando a una conclusión definitiva sean indeseadas. 
La época del Imperio romano, que le sigue a la creación de la ciudad, fundada en el último siglo de la Era Antigua, plantea menos dudas. Para entonces las fuentes históricas atestiguan mejor los hechos, que se colocan en un marco protohistórico adecuado y fidedigno.

Un ejemplo de eso es la muy dañada pero importante inscripción encontrada en Salona, el llamado rescripto salonitano, con el que en el año 56 a.C. Julio César, el entonces procónsul de Galia e Iliria, tomó bajo su protección a los griegos salonitanos, quienes corrían peligro porque la población italicense era cada vez más poderosa y numerosa en la ciudad.

Forma urbis

La parte más antigua de la ciudad, es decir la parte de la ciudad junto al puerto que, como ya hemos dicho, figurativamente fue llamada urbs vetus o quadrata o antiqua o graeca, con el tiempo se convirtió en una zona de gran importancia y en el verdadero centro de la ciudad. La ciudad se amuralla y allí a comienzos de la época imperial (la primera mitad del siglo I d.C.) y algo después, se forma la plaza central de la ciudad. Luego se construye el foro con los edificios correspondientes (el capitolio con los templos, la curia), un poco más al sur el teatro y no lejos del centro, al oeste, el anfiteatro. Ya por entonces Salona estaba en camino de convertirse en el centro administrativo de la provincia de Iliria.

Esa primera ciudad, el centro de la gran Salona o Salonae de los siglos siguientes, tenía forma de trapecio y al parecer, fue amurallada muy tempranamente. Las murallas incluso hoy pueden verse en varios lugares. Parte de ellas son las ruinas de una torre rinconera que se encuentran al norte de la monumental puerta de la ciudad, la llamada Porta Caesarea, y las murallas que de allí probablemente se extendían en dirección sur hasta el mar, protegiendo así también al puerto de la ciudad, que se supone estaba resguardado dentro del espacio amurallado. Es muy probable que el puerto haya estado protegido por murallas de ambos lados, del este y el oeste, pero hasta ahora no se han encontrado ningunos indicios de las murallas del oeste. 
En esa primera ciudad había dos calzadas principales, cuyas posiciones se puede determinar con bastante certeza: una estaba posicionada Este-Oestes (decumanus) y la otra Norte-Sur (cardo). Sus orígenes probablemente son prehistóricos, lo que implicaría que el asentamiento que se formó las incorporó en su red de calles. Se sabe que Salona no fue un asentamiento planificado, sino una ciudad que se fue desarrollando a partir de la situación en el terreno que heredó. Por eso también todas sus ampliaciones, especialmente las que se realizaron a fines del siglo I y durante el siglo II d.C. se realizaron, como era habitual, aprovechando los terrenos adyacentes: primero los que estaban junto a la carretera que de la ciudad conducía hacia el Este y el Oeste, destruyendo los cementerios de la ciudad que existían a lo largo de esas carretera y adquiriendo así una forma irregular. En las extensiones que estaban dentro del territorio amurallado se construyeron varias puertas secundarias de menor tamaño en las partes norte, noreste y oeste. Los arqueólogos les pusieron nombre a algunas de ellas: Porta suburbia (suburbana, secundaria), Porta Andetria (también llamada Puerta de Muć porque conduce hacia ese lugar - Muć o Andetrium) y Porta capraria (que llevaba al campo). Estos nombres de cierta forma siguen el modelo de los nombres de las ya mencionadas puertas principales: Porta Caesarea y Porta graeca.

Dado a que a comienzos del Imperio estaba en vigencia la llamada pax romana (paz en todo el imperio), en ese entonces no existía la necesidad de amurallar la ciudad. Eso se hizo recién en la segunda mitad del siglo II, en la época de Marco Aurelio (121-180), durante la guerra marcomana (166-180). Alrededor del año 170 los germanos cuados y marcomanos eran una amenaza y se temía que se infiltraran y avanzaran cada vez más profundo en el Imperio. Ese peligro también se sintió en estos confines, por lo cual la ciudad se amuralló nuevamente. Un excelente testimonio escrito al respecto es la inscripción esculpidas en una placa de piedra empotrada del lado norte, es decir del lado externo de las murallas junto a la llamada Porta Andetria. Posteriormente las murallas de la ciudad se amplían, reconstruyen y refuerzan durante el siglo V, cuando los hunos y los godos amenazaban Salona y en los tiempos de la conquista de Dalmacia por parte de Justiniano en el siglo VI.

Una época especialmente exitosa en la historia de Salona fue la de la segunda mitad del siglo III, aproximadamente hasta el emperador Diocleciano (284-305). Se creía que él provenía de esa zona y que por eso construyó su famoso palacio cerca de Salona, que como ciudad sin lugar a duda también se benefició mucho de semejante empresa edilicia. Diocleciano fue un reformador único de la administración estatal del Imperio. Él constituyó la llamada tetrarquía, es decir el gobierno de cuatro: dos augustos y dos césares, siendo estos últimos los herederos de los primeros en el trono imperial. Con esas medidas estatales de descentralización, Diocleciano consolidó el poder de algunas regiones y, al construir su palacio cerca de Salona, probablemente al menos indirectamente ayudó a que la ciudad se convirtiera en el centro de un vasto territorio. Fue entonces cuando Salona recibió el título honorífico de Valeria, el gentilicio o nombre familiar del emperador. La presencia de Diocleciano en el palacio, donde vivió toda una década, sin duda alguna influyó en la vida de la ciudad. Se cree que después de Diocleciano, tanto en Salona como en el palacio de Split, que era un bien estatal, se alojaron ocasionalmente algunos emperadores romanos y los miembros de sus familias: Gala Placidia, su hijo el emperador Valentiniano III y luego Glicerio.

En el año 461, el patricio salonitano Marcelino se proclamó rey de Dalmacia, poder imperial que su hijo (sobrino) Julio Nepote mantuvo hasta el año 480, cuando fue asesinado en “su residencia de verano” junto a Salona (el cronista escribió que eso sucedió en “la villa”, que presumiblemente se refiere al palacio de Diocleciano, al que con frecuencia se le denominaba así). Así él formalmente sobrevivió al Imperio romano de Occidente que en el año 476 d.C. disolvió el rey godo Odoacro. De esa forma Salona es participe de un importante detalle de la historia mundial. Desde ya que para entonces la ciudad ya tenía todos los elementos urbanísticos y el estándar que exigía la elite estatal y eclesiástica. 

¿Cuántos habitantes tenía Salona en su apogeo?

Esa pregunta se puede contestar solo aproximadamente, tanto como para satisfacer la evidente curiosidad de muchos que se manifiesta en la frecuencia de la formulación de la misma, en la cual no falta la nostalgia de los locales que quieren mostrar la ciudad lo más grande y poderosa posible.

Todos los criterios que se pueden utilizar para intentar contestarla no son muy fidedignos. Hasta ahora se mencionaban cifras desde 40. 000 hasta incluso 60. 000 habitantes, que se calculaban en base al supuesto número de lugares en el anfiteatro, la capacidad del acueducto, la cuadratura del espacio comprendido entre las murallas de la ciudad (unas 500 hectáreas), etc. Sin embargo consideramos que esos números son desmedidamente exagerados. Por ejemplo, los lugares en el anfiteatro ¡no significan que a los espectáculos iban exclusivamente los habitantes de Salona! Al igual que los eventos deportivos actuales en los estadios, los habitantes de los pueblos y áreas vecinas también acudían. Creemos que en la ciudad en sí podrían haber vivido unas 15. 000 personas, máximo 20. 000, y en los alrededores comprendidos por el agro salonitano (el área desde Podstrana hasta la zona de Trogir, incluida la península de Split) quizás un poco menos que eso.

Salona - Spalatum

Unos cinco kilómetros al sur de la primera Salona itálico-greca, es decir de las Salonas ilirias, en una bahía resguardada estaba el asentamiento de Spalatum, que estaba marcado en un antiguo mapa conocido como Tabula Peutingeriana. Se supone que la tabula data del siglo IV o V y que fue realizada en base a un original mucho más antiguo, de comienzos del siglo I d.C. En el mapa, que es en realidad un mapa de las rutas del Imperio romano en los alrededores de la actual ciudad de Split, están marcados y nombrados Tragurium (Trogir), el asentamiento de Siclis – Siculi (hoy Bijaći, en el borde Este de la campiña de Trogir o en el Oeste de la de Kaštela) y las colonias Salona y Epetion (Stobreč). En el mapa no está marcado el palacio del emperador, circunstancia que favorece la mencionada datación del mapa original en base al que se hizo la Tabula Peutingeriana. Ya antes de que los romanos sometieran completamente a los ilirios y a los habitantes de la zona, en la época de Julio César (aprox. 101-44 d.C.), como ya hemos mencionado, realizó la división de la actual campiña de Split, Solin y Kaštela en las llamadas centuriae. Aún hoy pueden verse vestigios de esa división a través de muchas líneas que se conservaron en la campiña de Kaštela, luego a través de la ubicación de muchas calles actuales en Split, como por ejemplo las calles Zrinsko-Frankopanska, Vukovarska, Zvonimirova, Poljička, Matije Gupca, etc. , al igual que a través de toda una serie de líneas más pequeñas y cortas en toda la zona que en la retícula local se reconocen como esa antigua parcelación romana. Hasta la Segunda Guerra Mundial esa división romana del territorio era mucho más visible en la campiña rica en hallazgos arqueológicos de todo tipo, desde construcciones hasta cementerios, que atestiguan la densidad de población en esa área.

El puerto de Solin

La orientación de Salona hacia el mar y el comercio con el interior no es ninguna excepción cuando hablamos de las ciudades costeras. Algo similar sucedía también en otras ciudades a lo largo del Adriático oriental, como por ejemplo en Narona. En cuanto a lo marítimo Salona, por motivos históricos, fue la sucesora de Issa, que en la época griega estaba predeterminada a ser el centro marítimo por su ubicación en el archipiélago adriático central. Sin embargo Issa, al ser una ciudad isleña, no estaba conectada directamente vía carreteras con el interior y las zonas más distantes de los Balcanes, que para la economía de ese entonces y los objetivos político-estratégicos de Roma eran cruciales. Por el contrario, a los griegos les bastaba el comercio que mantenían con los dos centros comerciales - asentamientos en la tierra firme cercana que ellos mismos habían fundado, Trogir y Stobreč, y, claro está, con el puerto de Solin.

El puerto de Salona, situado en la parte oriental de una bahía protegida, influyó muchísimo y fue un factor crucial del desarrollo de la ciudad. En primer lugar por el comercio y luego, especialmente en los siglos a venir, por el intercambio de personas, ideologías y doctrinas religiosas que generaba. Existen numerosos vestigios de esa vida, principalmente hallazgos arqueológicos en primer lugar de objetos de uso cotidiano y luego de objetos religiosos, seguidos por inscripciones, nombres de personas, sus orígenes y lugares, que con frecuencia se esculpían en las lápidas. Ese repertorio de hallazgos esclarece también la vida espiritual de los salonitanos, en especial lo que respecta a la poesía sepulcral (cementerial), incluida la inspirada en el cristianismo.

Aún hoy es difícil determinar dónde estaban situadas las principales estructuras portuarias de Salona, los amarres, arsenales y depósitos. Se sabe, por ejemplo, que los había del lado de Vranjic donde hoy se encuentran los grandes tanques de nafta. En las excavaciones de los años 1986/88 se descubrieron unos depósitos en la parte norte, es decir la parte salonitana de la bahía, pero con un alto grado de probabilidad se puede presuponer que había más depósitos en otros lados, como en la parte oriental de la desembocadura del río (cuyo delta en ese entonces tenía una configuración muy distinta a la actual). No hay que olvidar que el río Salon desembocaba al mar de otra forma y que en su recorrido atravesaba la parte oriental de la ciudad.

También en la Edad media el puerto de Solin, llamémoslo por el nombre croata de la ciudad cuando hablamos de períodos posteriores, era un punto económicamente muy importante. Es muy probable que los dueños de Klis lo utilizaran para acceder al mar. Un testimonio de ello es un documento del año 1171 en el que, entre otros dignatarios, se menciona y Vilcodrug nauclerus Clissae – Vukodrag, ¡el comandante de una embarcación de Klis! El puerto después fue también muy importante para abastecer las tropas militares en las fortalezas de Solin (Gradina) y de Klis, en especial en la época de la guerra entre el capitán y duque de Klis Petar Kružić y los turcos. Es sabido que el mismo Kružić murió en una batalla que se desarrolló en el puerto cuando su barco, sobrecargado de soldados que huían, encalló no pudiendo así hacerse a la mar y escapar de los turcos.

Frane Božičević Natalis (1469-1542), contemporáneo de Kružić y amigo del poeta croata Marko Marulić, describe el puerto de Solin de la siguiente manera: “Bajo la firme ciudad de Klis hay un puerto que puede recibir a todas las armadas del mundo. Los barcos que están aquí están resguardados por las islas que cierran y calman el amenazante mar. Aquí no se requiere de cuerdas enroscadas ni de anclas con los brazos doblados para amarrar las cansadas naves. Junto al puerto está la desembocadura por la cual el río Jader (Jadro) desemboca al mar tranquilamente. Si los turcos conquistan estas tierras, tendrán a los bárbaros en el centro de Lazio (Roma)”. Esa y otras súplicas de ayuda similares, dirigidas a los contemporáneos en Europa y al Papa en Roma, no fueron escuchadas. La indiferencia de la mente y el espíritu renacentista se mantuvo fría ante los ruegos de los amenazados. El destino de esa tierra y de su protector, el capitán Petar Kružić, no sensibilizó a nadie.

El cristianismo en Salona

Al igual que en muchas otras ciudades antiguas en distintas partes del Mediterráneo, en Salona tampoco se encontraron hallazgos arqueológicos con características del cristianismo antes de fines del siglo III. Por eso la pregunta actual es cuándo apareció en Solin y en Dalmacia esa nueva religión, que predica la salvación. Muchos científicos brindaron sus respuestas, empezando por los croatas F. Bulić, hace más de cien años, y luego B. Gabričević y N. Cambi, pero también los renombrados holandeses J. Zeiller, H. Delehaye y E. Dyggve, entre otros. Gracias a los nuevos conocimientos que surgieron a raíz del descubrimiento de nuevos hallazgos durante largos períodos, las primeras respuestas hoy en día se pueden completar con detalles, pero no se pueden alterar significativamente. Esa secuencia, agregándole algunos detalles personales, podríamos contarla como a continuación.

No hay duda alguna de que en la segunda mitad del siglo III en Salona, al igual que en muchas otras grandes y muy pobladas ciudades contemporáneas del Mediterráneo, en las que se mezclaban habitantes de distintos orígenes, había intérpretes de distintas religiones y cultos orientales. Entre ellos también había predicadores cristianos, religión que a partir de la segunda mitad del siglo III en Salona gradualmente gana más y más seguidores. Los inmigrantes provenían de todo el Mediterráneo, partiendo desde las costas orientales de la actual Turquía vía Jordán e Israel, hasta Egipto, África del Norte y España. Ellos tenían distintas profesiones (había comerciantes, viajeros, artesanos, esclavos, soldados, maestros) y distintos estilos de vida. Entre ellos también había intérpretes de los cultos orientales como los cultos a Mitra, Isis, Atis, Cibeles, etc. Por eso se entiende también la presencia de los predicadores cristianos en ese colorido y diverso mundo.

Pero, ¿qué dicen las fuentes históricas?

En la carta a los romanos el apóstol Pablo dice: “desde Jerusalén y sus alrededores hasta Iliria, he llevado a su pleno cumplimiento la Buena Noticia de Cristo, haciendo cuestión de honor no predicar la Buena Noticia allí donde el nombre de Cristo ya había sido invocado, para no edificar sobre un fundamento puesto por otros” (Rom 15:19-20). De los otros textos de Pablo resulta evidente que el apóstol en su tercer viaje pasó por el Mediterráneo oriental y que llegó hasta las fronteras de Iliria (la parte oriental de la península de los Balcanes). Indirectamente, se puede concluir que algunos de sus discípulos estuvieron en Dalmacia. En la segunda carta a Timoteo que Pablo escribe desde Roma en el año 67, el apóstol lo invita a que se una a él en esa ciudad, porque sus otros discípulos se fueron a diversos lados, y “Tito, a Dalmacia” (2 Ti, 4:10). De esos escasos datos, los únicos existentes, se puede concluir que las primeras misiones cristianas llegaron a los ilirios, pero no se puede decir nada más concreto al respecto. En esos tiempos remotos, en los siglos I y II d.C. , en el Adriático oriental y en el interior del continente no había ni grandes ciudades, ni centros comerciales de mayor importancia ni importantes cruces de carreteras con características cosmopolitas donde confluyeran personas e ideas y donde entre la población heterogénea pudieran aparecer y afirmarse nuevas ideas y doctrinas. Prácticamente toda Iliria, y por supuesto también Dalmacia, en ese momento no podían ser de gran interés para los predicadores cristianos.

Las primeras informaciones más fidedignas de la confesión cristiana en estos confines son de la segunda mitad del siglo III d.C. , mientras que ya son numerosas a fines de ese y a comienzos del siglo siguiente, en la época de las persecuciones de Diocleciano. Desde ya que no está descartado que en Dalmacia, concretamente en Salona, haya habido cristianos mezclados con los paganos o quizás incluso fieles organizados en comunidades cristianas locales antes de esa época, es decir antes de la segunda mitad del siglo III, ya que se trataba de un mundo que durante mucho tiempo fue tolerante. Sin embargo no hay pruebas de ellos ni en Salona ni en otras partes del Mediterráneo. Algunos símbolos y signos del cristianismo encontrados no son índices de que existiera una comunidad formada y organizada (communitas, comuna, municipio), como los creyentes seguidores de la enseñanza de Cristo fundaban y organizaban en las ciudades. Al frente de esas comunidades estaban los episcopios (administradores, supervisores), ayudados por los presbíteros (los ancianos) y los diáconos (servidores). Esa estructura se formó especialmente en la época cuando empezaron las persecuciones y la confesión de la doctrina de Cristo era una manifestación de resistencia y despecho, mientras que el sacrificio personal era una manifestación de lealtad y fe. En ese camino ayudar al prójimo, el amor y la comprensión, la compasión y la beneficencia tenían una importancia especial. Esos principios básicos fueron también muy importantes y valiosos para la convivencia de todos los integrantes de la comunidad local. En épocas posteriores los obispos de la capital de la provincia, los metropolitanos, gozaban de una estima especial dentro de la comunidad cristiana, como por ejemplo el metropolitano de Dalmacia en Salona. Con estos y a otros dignatarios eclesiásticos de a poco se fue creando una poderosa y rica jerarquía eclesiástica, una enorme fuerza moral y material en la que se basaron y estructuraron muchos siglos medievales.

La última ola de persecuciones afectó a las comunidades en Dalmacia y en las otras partes de Iliria. Como Salona al ser la capital de la provincia era la más atrayente para los predicadores, en la ciudad hubo muchas persecuciones que quedaron registradas tanto en la literatura histórica como en la tradición local. Es así como se sabe de Venancio, uno de los primeros defensores del cristianismo quien aparentemente fue enviado desde Roma para predicar por Dalmacia y Panonia. Quizás también predicaba en Narona que, al ser un puerto en la costa oriental bien conectado con el interior, también era una ciudad importante. Según las investigaciones científicas, Venancio fue el primer obispo de Salona en los tiempos del emperador Valeriano (253-260). A pesar de que no se sabe mucho sobre su persona (probablemente también por el hecho que fue descuidado por la historiografía eclesiástica, a la que hubo que demostrarle que el apostolado de la Iglesia de Split era más importante que los otros, en especial que el de Zadar), él fue uno de los principales predicadores del cristianismo en estos confines. En la época del imperio de Valeriano (253-260) la nueva religión podía practicarse libremente. Las primeras persecuciones empezaron recién a fines de ese período, cuando probablemente también fue asesinado Venancio (aprox. en los años 257-260) en una de las primeras persecuciones de los cristianos dálmatas. Los predicadores cristianos en estos confines sufrieron especialmente durante las persecuciones de Diocleciano, durante las cuales en Salona fueron víctimas Domnio, Anastasio, el sacerdote Asterio, el diácono Septimio y cuatro soldados de la guardia de Diocleciano (Antiohie, Gaian, Paulinian y Telie). Domnio – hoy conocido como San Duje, patrono de Split, estaba al frente de este grupo de mártires y evidentemente era el líder de la comunidad cristiana en Salona. Según cuenta su leyenda y las fuentes históricas escritas en base a ella, Domnio era de Antioquía, Siria.

En todas las ciudades del Imperio romano la religión cristiana se afirmó después de que fuera reconocida y se le otorgara el derecho de libre confesión con el Edicto de tolerancia de Nicomedia del emperador Galerio del año 311, promulgado en Sárdica, la actual Sofía. Un poco después, en el año 313, el cristianismo se afirmó aún más con el rescripto de los emperadores Constantino y Licinio conocido como Edicto de Milán (la respuesta escrita de los emperadores a las preguntas que les dirigieron sobre el estatus de los cristianos). Con ese documento se le reconoció a la Iglesia cristiana plena igualdad con las otras religiones del Imperio. Fue entonces cuando la adoración de los mártires, los primeros defensores de esa fe, ganó popularidad y empezó a manifestarse principalmente en la construcción de monumentos memoriales, oratorios – capillas, y luego también basílicas sobre sus tumbas. En Salona existen excelentes ejemplares de eso.

Sin embargo el haber convertido el cristianismo en una religión oficial del Imperio no borró ni completa ni inmediatamente la antigua espiritualidad pagana que existía en la memoria de la gente, ahora cristianos. Un buen ejemplo de esa convivencia de ideas y creencias es el dintel de la puerta de Salona, la llamada Porta Caesarea. En los tiempos cuando el cristianismo ya se estaba afirmado tanto en la ciudad como en el Imperio, en él estaba esculpido un relieve con la figura de la diosa pagana Tyche (Tique) que, teniendo en sus manos la bandera y los símbolos de la prosperidad, representaba la feliz y rica ciudad de Salona. Una coexistencia similar del cristianismo y del paganismo sucedía en los cementerios, donde las tumbas estaban mezcladas o los cristianos se enterraban sobre una capa de tumbas paganas (por ejemplo en la necrópolis occidental, la llamada Hortus Metrodori). Las ciudades cristianas se formaban principalmente alrededor de las sede episcopales, y en el caso de Salona también cerca del primer oratorio, que se cree había surgido ilegalmente en una casa particular. En el siglo IV cerca de allí se erigió una iglesia que posteriormente, con el pasar de las décadas y los siglos, se convirtió en un gran complejo catedralicio con dos basílicas, un baptisterio y el palacio episcopal.

La época del dominio godo y la restauración de Justiniano

Ya a fines de la Era Antigua los coroneles romanos luchan en los confines occidentales del imperio, conquistando los territorios habitados por los galos (la actual Francia), los germanos (los amplios terrenos de la actual Alemania) y los ilirios (en el Balcán occidental). Algunos siglos después pasa lo contrario: los pueblos germánicos, entre ellos también los ostrogodos, atacan el debilitado imperio y se infiltran en su territorio. Los comandantes de los emperadores libraron muchas guerras contra ellos, una de las cuales es conocida como la Guerra Gótica.

En esa época, en la primera mitad del siglo VI, durante el imperio de Justiniano (527-565), Salona estaba en el centro de los acontecimientos porque era una base militar importante para ambos ejércitos, el godo y el imperial. Durante la expulsión de los godos de la zona, el ejército imperial conquistó la fortaleza (el castrum) de Klis, como lo describe en su obra “La guerra Gótica” el historiador y cronista Procopio de Cesarea (primera mitad del siglo VI). Cuando el general bizantino Constantino entró a la fortaleza, reconstruyó sus murallas y a las existentes torres rectangulares les agregó, siguiendo la táctica defensiva de la época, terminaciones triangulares que aún se conservan y que pueden ser vistas en la parte norte, cerca del cementerio Manastirine. En el año 545, durante la guerra contra los ostrogodos, el renombrado comandante de Justiniano, Belisario, invernó con su ejército en Salona.

Después de la expulsión de los godos, Dalmacia fue gobernada por el procónsul o prefecto imperial, cuya sede probablemente también estaba en Salona. Terminando el siglo VI aparecen nuevos peligros, pero para entonces el interés del Imperio en estos confines había decaído, ya que era mucho más importante defender Constantinopla. Cuando en el año 582 los ávaros conquistaron Sirmium, una ciudad y encrucijada muy importante, de a poco empezaron a poblar los territorios en las zonas orientales y occidentales de los Balcanes. En ese entonces la parte balcánica del imperio estaba mal defendida porque la mayor parte del ejército imperial estaba luchando contra los persas. La conquista de Sirmium les abrió el paso a los “bárbaros” hacia la parte central de los Balcanes (Iliria), en la actual Bosnia y, aún más adentro, hacia Dalmacia.

La primera caída de Salona

De las muchas fuentes históricas escritas que de distinta manera cuentan las últimas décadas de Salona, hay algunas de especial importancia. Se trata de: la correspondencia del papa Gregorio Magno (590-604) con los arzobispos salonitanos, en especial con Máximo, luego la “Historia de Salona” (Historia Salonitana) del archidiácono de Split Toma (1200-1268), la “Histora salonitana mayor” (Historia salonitana maior), obra de un escritor anónimo que presumiblemente fue escrita en el siglo XVI combinando el manuscrito de Toma con otras fuentes escritas, y la obra “Sobre la administración del Imperio” (De administrando imperio) del emperador bizantino Constantino Porfirogénito (913-957). Esos textos contienen informaciones que se consideran aceptables y correctas y otras hoy son comprensibles, pero también hay algunas que suscitan dudas, por lo cual hace tiempo son objeto de discusión en la historiografía, ya que esta intenta descubrir la verdad histórica.

A diferencia de los historiadores que buscan e intentan determinar con la mayor precisión posible la fecha de la “caída” de Salona, es decir cuándo supuestamente fue conquistada por los ávaros y los eslavos, opinamos que la decadencia de Salona deber contemplarse dentro del proceso de degradación de toda el área y del paulatino abandono de la ciudad. El cada vez más cercano peligro que amenazaba a los salonitanos, los inducía a dejar su ciudad y a mudarse o bien al cercano palacio de Diocleciano, fundando así una nueva ciudad, Split (Spalatum), que se convierte en la heredera de Salona, o bien a las islas vecinas donde las condiciones existentes les permitían sobrevivir. Probablemente algunos de ellos se quedaron en sus aisladas y modestas tierras, como pasaba en todas las partes de la Europa de ese entonces que eran colonizadas por nuevos pueblos, como por ejemplo los longobardos en el norte de Italia, los germanos francos en Francia o los visigodos en España. Abandonada por sus habitantes y aislada por la ruptura de las importantes vías mar-costa-interior, la zona de Solin pierde el valor y la importancia que tenía hasta entonces y se convierte en una zona completamente rural. Los colonos no introdujeron nuevos valores, sino que los heredaron. Al igual que en otras partes del mundo de ese entonces, los colonos aceptaron algunos de los avances del rico patrimonio de la Antigüedad clásica. Así la zona salonitana entra al medievo en vista de esa relación mutua, que fue evolucionando durante un largo período, y aparentemente bajo la gran influencia de la Iglesia salonitana que había transferido sus injerencias, al menos buena parte de ellas, al vecino Spalatum.

La llegada de los croatas

El objetivo principal de todos los conquistadores que a comienzos del medievo atacaban la parte europea del Imperio, eran o las ciudades, por el botín de guerra, o los territorios aptos para la vida sedentaria. Así, por ejemplo, los vándalos saquearon Roma, los godos conquistaron Ravena, los longobardos Milán y Pavia, los ávaros Sirmium y los eslavos – Salona. Ante el peligro que se acercaba, los salonitanos abandonaron su ciudad y se convirtieron en refugiados. El archidiácono Toma cuenta que se refugiaron en las islas cercanas y en el palacio de Diocleciano, para nunca regresar a la zona de su antigua ciudad. Así, el desarrollo de la nueva ciudad de Split se basó en la caída de la anterior, Salona. Posteriormente el agro salonitano se dividió políticamente, ya que en el territorio de la antigua metrópolis se formaron dos organizaciones políticas: el estado croata y la ciudad de Spalatum con una pequeña área circundante, que durante mucho tiempo formó parte del territorio bizantino en el Adriático (algo similar pasó con Rausij (Dubrovnik), Tragurij (Trogir), Iader (Zadar) y las ciudades en las islas de Krk, Cres y Rab).

La pregunta cuándo llegaron los croatas a ese territorio, más precisamente al comprendido entre el triángulo formado por los ríos Zrmanja y Cetina y la costa adriática, en el territorio central de Dalmacia, donde en el alto medievo formaron su estado, sigue siendo objeto de disputas científicas. En esa época allí había tres centros importantes: Nin, Knin y Solin. Hay muy pocas fuentes históricas fidedignas sobre esa inmigración croata, sin embargo ellas son objeto de debate hace más de un siglo. Según la hipótesis de un científico, los croatas habrían llegado unos años después de la primera incursión de los eslavos y los ávaros, o sea en la primera mitad del siglo VII. Según otra teoría, que nos parece mucho más probable, habrían llegado alrededor del año 800. En cuanto respecta a esta zona, los croatas se asentaron en las afueras de la antigua ciudad romana de Salona, al este junto al río Salon y al oeste, hasta Trogir. Ellos poblaron las tierras que se habían quedado “sin dueño”, es decir las tierras de los que huyeron, los terrenos de la Iglesia salonitana, los terrenos estatales y otros. Una vez instalados allí, adoptaron la forma tradicional de labrar la tierra y comenzaron un estilo de vida sedentario, en una inevitable simbiosis con los pocos nativos restantes, situación que era habitual en el mundo de ese entonces. Los inmigrantes croatas y los nativos, es decir los salonitanos que vivían en el palacio de Diocleciano, los habitantes de Spalatum – Split, resolvieron sus problemas más importantes en acuerdo con el gobierno imperial en Constantinopla. Fue así que los nativos legalizaron su estadía en el palacio del emperador, que era una propiedad estatal, mientras que a los croatas se les otorgó el derecho a quedarse en las tierras colonizadas. ¡Así se crea la mencionada frontera!

El archidiácono Toma relata que los líderes godos y los eslavos recibieron desde Constantinopla instrucciones y órdenes imperiales, según las cuales debían permitir a los habitantes de Split vivir en la ciudad y, acorde a sus antiguos derechos, usufructuar el territorio de su ciudad Salona – hecho que suponemos bastante cierto o al menos probable. La historiografía sostiene que fue entonces cuando se estableció la frontera entre el territorio de Split y el territorio que estaba bajo el dominio de los colonos croatas. La frontera se extendía, como lo demostró L. Katić, desde Vranjic a lo largo del río Salon hacia el noreste. Lamentablemente no es posible determinar fidedignamente cuándo se acordó eso, pero se cree que esa regulación de las relaciones entre los nativos y los colonos ocurrió al poco tiempo de haber llegado los croatas a la zona central de Dalmacia. Lo que sí es seguro es que esa delimitación ya existía cuando los croatas establecieron su poder local, se cree que a comienzos del siglo IX después de que se regularan las relaciones entre el estado de los francos y el Imperio romano de Oriente, con el famoso y para el territorio de Croacia importantísimo Tratado de Aquisgrán (de Aachen) en el año 812.

Aceptando la herencia local

Al igual que todos los pueblos de la época que se trasladaban a Europa, los croatas que llegaron a estos buscaban un territorio apropiado para llevar una vivir organizada y sistemática. Precisamente encontraron una zona con esas características entre el territorio municipal de Trogir y el río Žrnovnica, más hacia el oriente junto al mar y detrás del monte Mosor. Estamos hablando del agro salonitano, las actuales campiñas de Kaštela y Solin, la antigua campiña de Split (que hoy es una zona urbana) y de los pueblos Poljica hacia Srinjine, Tugari y Gata, que se mencionan en unos documentos antiguos que datan aproximadamente del año 1000 y en el Cartulario del siglo XI del convento de San Pedro en Selo (Jesenice). Esa zona de clima templado y configuración geográfica heterogénea con tierras fértiles, bosques, aguas y laderas soleadas, atraía a los colonos. Desde ya, también eran importantes el mar y el puerto de Solin, que favorecían el comercio con el interior. También era de gran importancia la herencia cultural de siglos, así como el patrimonio de la Iglesia cristiana que en la región de Dalmacia, en especial en la zona de Salona, ya a fines del siglo V estaba muy bien estructurada. De esa forma los croatas se integraron a ese antiguo mundo trayendo algo de lo suyo, pero conservando, preservando y desarrollando quizás lo más valioso, ¡su idioma! Eso, por ejemplo, no sucedió con los germanos, ni con los francos y otros colonos en Galia (la actual Francia), ni con los visigodos en España ni con los longobardos en el norte de Italia: todos ellos aceptaron la lengua romanizada de la antigua población autóctona.

Cuando llegaron y se asentaron en el territorio debajo los montes Kozjak y Mosor, los croatas formaron tres centros: uno en el actual Bijaći, uno en Klis y en parte de la zona salonitana junto al río y uno en Podstrana – curtis sancti Martini. El primero dejó restos arqueológicos que confirman su existencia - fragmentos de una barandilla de altar con el nombre del sacerdote Gumpert (Gumberto). Además, ese centro también se menciona en el documento de donación del duque croata Trpimir, emitido “in loco qui dicitur Byaci” en el año 852. Sobre el segundo centro (Klis) atestigua el sacerdote y predicador sajón Gottschalk, quien alrededor de los años 846-848 se hospedó en lo del duque Trpimir, mientras que el centro croata de Podstrana quedó registrado en un acuerdo entre el dux veneciano Pietro Tradonico y el duque croata Mislav cerca del año 839, del que habla el cronista veneciano Giovanni Diacono (Juan el Diácono).

Los grandes siglos de la historia croata

En los siglos IX y X, en la zona de Dalmacia central (es decir las zonas de Zadar, Split y Trogir hacia el interior, hasta Knin) y en los campos kársticos (que representan la base de la supervivencia de toda familia y región, y por ende del estado), se forma la Croacia medieval. Croacia existía como un conjunto de comunidades autónomas que compartían el origen y el idioma, las condiciones de vida, las tradiciones y finalmente, cuando lo adoptaron en el siglo IX, el cristianismo. Además, esas comunidades respondían a un mismo líder. Los dos siglos mencionados dejaron pruebas espléndidas de la presencia croata en su nueva patria, tanto en restos materiales y construcciones de la época como a través de las acciones de algunos croatas prominentes.

A los soberanos medievales les gustaba residir en zonas determinadas que por algún motivo les resultaban afínes. Los porqués de eso no son fáciles de explicar, pero probablemente los factores económicos tenían un peso importante. De esa manera al duque croata Mislav se lo relaciona con la zona de Solin y Kaštela y con Podstrana, a la reina Jelena (Helena) y quizás también al rey Zvonimir con Solin (donde se encontró el sarcófago de la reina y donde tuvo lugar la coronación del rey), etc. Desde ya que aquí mencionamos solo a aquellos que, según nuestros conocimientos, estaban directamente relacionados a la zona de Solin y de quienes existen ricas pruebas de que allí actuaban. Un dato histórico muy interesante y valioso de la primera mitad del siglo IX se refiere a una anécdota relacionada con el duque Mislav, que describe un evento que ocurrió cerca de Salona, en Podstrana. Según usualmente lo afirma la historiografía, en esos tiempos la piratería eslava, es decir la de Neretva y Croacia, causaba considerables daños al comercio marítimo, que precisamente en ese entonces se estaba restableciendo en la costa oriental del Adriático. Por eso el dux véneto Pietro Tradonico se dirigió con sus barcos hacia el Sur para restablecer el orden. Fue entonces cuando, según lo cuenta el cronista Giovanni Diacono (Juan el Diácono), se encontró con el duque croata Mislav en la mencionada Podstrana, cerca del lugar conocido como Sv. (San) Martin (apud curtem sancti Martini), donde firmaron la paz. El dux luego se dirigió a las islas controladas por los piratas de Neretva, Brač y Hvar, para hacer lo mismo con el soberano de allí.

Uno de los centros del duque croata podría haber estado en Bijaći cerca de Trogir, en Solin y, desde ya, en Klis. Esa fortaleza en las fuentes históricas está relacionada con el duque Trpimir, que es especialmente conocido por la transcripción de un documento emitido en Bijaći en el año 852 con el que confirma una donación hecha por su antecesor, el duque Mislav. Alrededor de los años 846-848, Trpimir hospedó en su residencia en o cerca de Klis, quizás en Rupotine, al eminente predicador sajón Gottschalk, según lo describe él mismo en su obra “De trina deitate”. Por predicar su propia doctrina, contraria a la oficial, Gottschalk fue excomulgado de la Iglesia, lo que lo llevó a buscar refugio en Italia, Furlania y también en el estado del duque croata. Gottschalk era uno de los intelectos más grandes de su época, detalle que parece pequeño pero que demuestra la importancia de Croacia a mediados del siglo IX.

La inscripción de la reina Jelena

La reina croata Jelena (Helena) es conocida solo por el dato obtenido del famoso epitafio, es decir de la inscripción sepulcral esculpida en su sarcófago, que fue encontrado en el año 1898 en la Isla de la Virgen en Solin (Gospin Otok). Se trata de un personaje que en la historiografía nacional frecuentemente se describe tan solo como un benefactor, a la manera romántica de la práctica civil y religiosa del siglo XIX y de los comienzos del siglo XX. Sin embargo su importancia fue mucho mayor y el papel que tenía, a juzgar por el epitafio, era similar al papel que tenían otros soberanos y soberanas de la época. Entre otras cosas, en la inscripción figuraban las tareas que tenía que ejercer como reina, que estaban en completa conformidad con los deberes y obligaciones de los soberanos de entonces y con las leyes, primero romanas y luego bizantinas (de Justiniano). Eso es una prueba evidente de la participación del estado croata de esa época y, figurativamente, de su dinastía, entre otras cosas en el sistema espiritual (cultural) europeo, carolino, y oriental (greco-bizantino) del momento. A continuación, le prestaremos más atención a la inscripción.

El arqueólogo croata F. Bulić con mucha paciencia y esfuerzo armó los casi cien pedazos del demolido sarcófago y reconstruyó casi todo el texto de la inscripción sepulcral de la reina. Los científicos que después de él leyeron los fragmentos reconstruidos completaron a su manera algún que otro espacio en blanco, pero la esencia del mensaje no cambió. Aquí les presentamos nuestra interpretación de la lectura de la inscripción, que dice: “En esta tumba yace Helena, esposa del rey Mihajlo y madre del rey Stjepan. Gobernó el imperio. El octavo día antes del idus de octubre aquí fue enterrada en paz, en el año 976 de la encarnación del Señor, en la cuarta indicción, el quinto ciclo lunar, la decimoséptimo epacta, el quinto ciclo solar que coincide con el sexto. Ella, que en vida fue reina, se convirtió en madre de los huérfanos y protectora de las viudas. Tú, que miras, di: Dios, ten piedad de su alma”.

¿Por qué es tan importante esa inscripción? Primero porque en la primera oración se descubre la relación familiar entre dos reyes croatas a través de su difunta esposa y madre respectivamente. Luego, porque en él figura con precisión la fecha de la muerte de la reina, que representa uno de las pocas fechas precisas y fidedignas de la antigua historia croata. Además, comprueba la tradición salonitana de componer epitafios, que a su vez atestiguan el nivel espiritual y cultual de la sociedad croata de ese entonces. Para concluir, también es muy importante porque en ella se conservó una fórmula breve que descubre la presencia de las normas legales romanas y bizantinas en el estado croata. Se trata del texto de la inscripción en el que figura que la reina Helena era la protectora de los huérfanos y las viudas. Ese rol de protectora y tutora no era una virtud personal, sino un rol que pertenecía a los soberanos y a los obispos. Así por ejemplo, en la inscripción sepulcral del arzobispo de Split Martín, contemporáneo de Helena, figura que protegía a las viudas y era padre de los huérfanos. Algo similar aparece en la carta con la que el recién coronado rey croata Zvonimir juró su lealtad al papa Gregorio VII y en la que promete proteger a los pobres, a las viudas y a los huérfanos. De hecho ese dignatario croata en el año 1075 fue coronado rey croata por el enviado papal Gebison en Salona, en la basílica de San Pedro y Moisés, hoy denominada la “Iglesia hueca” (Šuplja crkva). He aquí unos claros ejemplos que muestran que en ese entonces Croacia estaba a la altura de los países europeos. Estas y otras fórmulas similares, como ya hemos mencionado, eran conocidas en los países civilizados y figuran, por ejemplo, en los códigos de Carlomagno.

La época de la alta nobleza croata y de los municipios dálmatas

En la Edad Media tardía, con la creación de la coalición política con la dinastía Arpad, en estos confines cambio sustancialmente la situación política. Además, el desarrollo económico que seguía los procesos sociales evolutivos, resultó en la formación de un tipo específico de feudalismo dálmata. A consecuencia de ello en vez de los intereses de una ciudad - la ciudad romana de Salona, en esa época en esa zona colisionan los intereses de dos ciudades, Trogir y Split, y los intereses de los señores de la fortaleza de Klis. Se trata de una época del medievo croata con múltiples y siempre interesantes fisionomías, como se puede ver también a través de los siguientes ejemplos de la zona de Salona-Solin.

Cuando en el transcurso de los continuos cambios sociales surgieron los requisitos económicos para que también es estas zonas se formara un estado estratificado, en Croacia hubo un cambio dinástico. Los altos nobles necesitaban un rey que ejerciera una autoridad formal y que no les impidiera ser cada vez más independientes. Por eso en ese momento les convenía que su regente fuera lo más débil posible, para así poder conseguir su independencia más fácilmente. Bajo la soberanía de la dinastía húngara Arpad y de la casa francesa Anjou (la dinastía Angevina), los dignatarios locales mantuvieron una independencia considerable, que aumentaba a medida que ellos mismos se volvían más fuertes, poderosos y ricos, y según aumentaba la distancia que tenían del rey. Por eso les convenía una dinastía y un rey cuyo trono estuviera incluso en Hungría. Entre muchas otras particularidades, esa es una de las características esenciales de la época que inició en el siglo XII y que continuó en los siglos siguientes. Por las mencionadas circunstancias, algunas familias nobles croatas, como por ejemplo los Šubić Bribirski, se convirtieron en poderosos dinastas a nivel europeo. A la gente de la época, en especial a los dignatarios y a la alta nobleza, no les importaba en qué idioma comunicarse y mucho menos la nacionalidad o procedencia étnica, lo único que les importaba era el estatus social, por lo cual con ganas aceptaban como señores feudales a los extranjeros, que frecuentemente vivían bastante lejos del lugar. Por otro lado los nobles croatas entre sí, de a poco se convirtieron en “extranjeros” y en enemigos implacables que constantemente luchaban por la dominación de la zona y de las carreteras, los pasos de montaña, los puentes, los puertos, la campiña, etc. Esas luchas con una de las características de la sociedad medieval.

La zona de Solin hasta la época de los ataques turcos

En el lugar de la antigua Salona nunca se volvió a edificar ni una ciudad ni un asentamiento organizado, pero sí surgieron a su alrededor asentamientos más pequeños – pueblos (Prosik, Kuk (Kučine), Smoljevac, el actual Vranjic, Sućurac bajo Sv. Jure en Putalj) y un gran número de aldeas cuyos nombres hoy no se conocen, pero cuya existencia se deduce principalmente en base a las fuentes históricas escritas y los topónimos que allí figuran, luego a través de las iglesias que se conservaron, de los cementerios y las distintas ruinas encontradas, las investigaciones arqueológicas y los hallazgos casuales (Glavičine, Gajine, Majdan) o a través de los topónimos especiales que se siguen usando hoy en día.

En esos siglos de la Edad Media tardía era de especial importancia el papel del río de Solin, hoy llamada Jadro, porque era la frontera (más bien formal que real) entre la zona de Split y la Klis y luego entre los dominios turcos y vénetos. En los siglos XVI y XVII los turcos frecuentemente incursionaban en la zona de Split, aunque por supuesto que también hubo ejemplos contrarios. No hay duda de que en ese entonces esa zona era extremadamente importante para unos y otros: los turcos querían impedir que Klis recibiera ayuda, los habitantes de Klis querían recibirla lo más fácilmente posible. Ahí se refleja la importancia del cercano puerto de Solin. El río, además de ser el límite ficticio entre dos mundos, el veneciano y el oriental (el otomano), era también importante económicamente por los numerosos molinos y batanes que se habían construido sobre él desde la Alta Edad Media. En el siglo XIII, cuando ya habían empezado las favorables relaciones comerciales entre la costa y el interior, el control del paso de montaña cercano a Klis, es decir el control de la fortaleza y de los beneficios procedentes del comercio que por allí pasaba, provocó el enfrentamiento de muchas familias prestigiosas de la alta nobleza croata. Entre los primeros y los más estimados estaban los Šubić, quienes antes del episodio de Klis del 1242, cuando el rey húngaro Bela IV huyendo de los tártaros se refugió en Dalmacia (en Klis, Split y Trogir), donde le arrebató al duque croata Domald la fortaleza de Klis, que sometió a su gobierno. La presencia de los Šubić Bribirski fue particularmente importante en el traspaso al siglo XIV y en la primera mitad del mismo. En ese entonces ellos estaban a la par de la alta nobleza europea, eran huéspedes de los Anjou en Nápoles y del Papa en Roma, negociaban con Venecia y eran dueños de un territorio inmenso junto a la costa y en el interior lejano. Sin lugar a duda en ese entonces Klis era la verdadera sede feudal de la poderosa y renombrada familia.

Los mencionados intereses de las ciudades de Trogir y Split y del señor feudal de Klis, coincidían precisamente en el área de Solin, por lo que pasaron siglos hasta que por primera vez se percataron de las amenazas turcas a fines del siglo XV y comienzos del siglo XVI. Sin embargo las confrontaciones entre las autoridades locales, los duques y los señores de las ciudades con los vénetos y con la alta nobleza croata, que en la época de los reyes croata-húngaros (siglos XIII-XV) tenían intereses tanto en Klis como en Solin, Split y Trogir, no son de mayor importancia para la historia de Solin que aquí estamos resumiendo. Sus relaciones las podemos retratar con un solo ejemplo, el duque de Split y poderoso señor feudal Domald, quien a comienzos del siglo XIII gobernaba Klis. Distanciándose de los habitantes de Split, luego luchó contra ellos desde Klis. Personajes similares en la historia, hubo bastantes.

La segunda caída de Salona – la ocupación turca

A finales del siglo XV también en esta zona se vislumbra la amenaza turca, al llegar esa fuerza expansiva relativamente cerca de Dalmacia. Después de haber conquistado el estado bosnio en el año 1463, los turcos podían atacar y saquear con facilidad los territorios dálmatas: las tropas turcas se acercaban cada vez más a la zona de Solin. Por eso Klis, al igual que en la época de las guerras góticas durante el imperio de Justiniano en el siglo VI, se encontró en una posición similar al de las fortalezas del interior: Bribir, Knin y parcialmente Skradin, que defendían las zonas y los territorios que estaban a su occidente. Klis, al ser un punto defensivo esencial, se convirtió en un objetivo importante para los agresores. En ese contexto la zona de Solin se vuelve importante tanto para los vénetos como para los turcos. Es valioso el dato que menciona el cronista de viaje Eviliya Çelebi (1611 – aprox. 1682): “Para poder conquistar Klis, en el año 1534 Gazi-Husref bey propone (a la sede central en Instambul) fortificar Solin. Su pedido fue aceptado, por lo cual construyó un fuerte amurallado con piedras esculpidas en forma rectangular”. No hay duda de que se trata de Gradina, lo que todavía es difícil es determinar si se trata del reforzamiento y la remodelación del fuerte que según F. Bulić y Lj. Karaman mandó a construir el obispo de Split Ugolino Malabranca en el siglo XIV.

Gradina, al ser muy importante para el funcionamiento del puerto de Solin, primero fue destruida y luego conquistada por los habitantes de Klis, para posteriormente ser reconquistada, reconstruida y reforzada por los turcos. Ya en el año 1471 una tropa turca había llegado hasta la campiña de Split, saqueándola y devastándola. Sin embargo los vénetos, que gobernaban Dalmacia, por razones políticas evitaban los enfrentamientos con Estambul. En primer lugar les importaban las relaciones políticas generales, incluías las relaciones económicas y comerciales, en especial en el Mediterráneo oriental. A pesar de eso, durante un siglo y medio hubo guerras sangrientas y crueles: fueron numerosos los conflictos entre los turcos, los convertidos al islamismo, los morlacos, los bandidos, las tropas de los pueblos de Poljica, Split y Kaštela y los mercenarios europeos. Los resultados de estas luchas eeran variables, pero las consecuencias siempre eran las mismas: numerosas pérdidas y saqueos que empobrecían toda la zona. La culminación de ese pasado trágico fue la persistente lucha de Petar Kružić, el ya mencionado capitán, castellano y duque de Klis, quien murió en el puerto de Solin en el año 1537 sin haber recibido respaldo ni de su rey ni de Europa. Sus ruegos y sus visitas a los dignatarios húngaros y al Papa en Roma fueron en vano: toda la zona junto con Klis cayó en manos de los turcos. Allí los nuevos señores, guiados por Rustem-bajá, en el año 1541 fundaron el pueblo Novo selo (Pueblo nuevo) con los habitantes que sobrevivieron y que se habían quedado allí. Los locales, que tenían el estatus de colonos, labraban la tierra tanto para Split como para los turcos. Eso era muestra de la coexistencia que surgió entre los conquistadores y los nativos.

La época veneciana

En el informe de G. B. Giustiniani se puede leer cómo era Salona en el siglo XVI: “La nobleza, la amplitud y la magnificencia de la ciudad de Salona se intuyen en las arcadas del hermoso teatro (¡anfiteatro! Ž. R.) que aún se pueden ver, en los enormes bloques del mármol más fino que están dispersos por sus campos, en la bella columna de tres piezas de mármol que aún sigue en pie junto al mar donde se dice que estaba el arsenal y en los muchos arcos de notable calidad, sobre altísimas columnas de mármol, tan altas como se puede lanzar con la mano, en los que estaba el acueducto que llevaba el agua de Salona a Split…

Alrededor se ven muchas ruinas y restos de palacios, y en muchos fragmentos de precioso mármol se leen viejas inscripciones. La tierra, sin embargo, se elevó y cubrió las viejas piedras y los restos más valiosos”. Estos datos ilustran excelentemente la decadencia paulatina de la ciudad, como esa gran área se fue cubriendo con los aluviones que formaban la lluvia, los arroyos y el río de Solin, que cambió significativamente su curso contribuyendo a la reconfiguración de todo el delta, desde la “Iglesia hueca” (Šuplja crkva) y la Isla de la Virgen (Gospin otok) hasta el mar.

Al igual que los habitantes de Klis y sus señores en los siglos anteriores, los turcos en la segunda mitad del siglo XVI y en el siglo XVII dañaban y obstruían el desarrollo de la zona de Solin y Split. Así como el arzobispo Ugolino Malabranca construyó en el siglo XIV un fuerte en Prosik para defenderse de los habitantes de Klis (este fuerte figura en las fuentes escritas, pero en el territorio de Prosik no se han encontrado restos de él), así a comienzos del siglo XVI las autoridades venecianas erigieron una fortificación en el puente de Solin para defender Split de los turcos.

Sin embargo, durante la ocupación turca de buena parte de Dalmacia también hubo épocas de prosperidad, relaciones pacíficas y de una coexistencia fructífera entre los turcos, los locales y los habitantes de Split. Una anécdota de esa época, sobre el romance de un joven turco y una chica croata, entró en la literatura romántica a través del poema “Adel y Mara” de L. Botić, que dos compositore, J. Hatze y I. Parać, utilizaron como argumento de sus óperas. Pero mucho más importantes eran las fructíferas relaciones comerciales, que contribuyeron al desarrollo de Split, en cuya costa se construyeron lazaretos, y depósitos para la mercadería en tránsito y una cuarentena para mercadería y viajeros. En el tardío siglo XVI, cuando las relaciones políticas, militares y económicas véneto-turcas eran relativamente tranquilas, Split se convirtió en un importante centro de comercio de tránsito con el interior musulmán. Con el permiso de la República veneciana e incentivado por el renombrado comerciante judío-español Daniel Rodrigo, en el año 1581 empezó la construcción del lazareto junto a la torre sureste del palacio de Diocleciano, que durante un tiempo fue uno de los más grandes del Mediterráneo. Se trataba de un vasto complejo de edificios con depósitos, aduana y banco, una cuarentena para las personas, la mercadería y la materia prima que llegaban a Split por vías marítimas, de donde a través de Solin, Klis y Trilj o vía Sinj, viajaban hacia el interior. En ese entonces el puerto de Split contaba con un muelle muy bien diseñado, que podía recibir el importante número de barcos que llegaban a la ciudad.

Las mencionadas fructíferas relaciones comerciales marítimas y terrestres, que contribuían al desarrollo de Split y de toda la zona, fueron interrumpidas por las guerras entre Venecia y Turquía. En los siglos que siguieron desapareció el comercio entre el mar y el interior, que era el factor clave de la prosperidad. Por eso la ciudad de Split y todo su alrededor geográfico y espiritual retrocedieron a un marco de vida más modesto. Las mencionadas relaciones comerciales se restauraron recién a comienzos del siglo XX, cuando se construyeron las vías ferroviarias hasta Sinj y, mucho después, hasta Zagreb (en el año 1925).

El área de Solin y la fortaleza de Klis bajo el dominio turco

En la conquistada fortaleza de Klis los turcos constituyeron una región administrativa llamada Kliško-lički sanjacado (sanjacado de Klis y Lika), que se extendía desde Konjic, Bosansko Grahovo y Gračac casi hasta el mar, hasta Skradin y Benkovac. Ese vasto y heterogéneo territorio estaba dividido en unidades más pequeñas, estructuras civiles y militares llamadas kadiluks, nahiyas y capitanías. En tal sistema administrativo-militar Klis era de especial importancia porque estaba en la frontera con el territorio veneciano junto al mar, motivo por el cual lo protegía una fuerte guarnición militar. También por razones estratégicas los gobernadores venecianos de Dalmacia con frecuencia intentaban conquistarlo: por ejemplo en el año 1571 y enseguida el año siguiente, y luego en los años 1578 y 1586. Finalmente, en el año 1596, un noble de Split, Ivan Alberti entró a Klis, pero por corto tiempo.

Además de los motivos militares, de naturaleza cambiante, el curso de los eventos estuvo en gran medida influenciado por las relaciones pragmáticas entre Venecia y los turcos o la relación de los Habsburgo hacia unos y otros. Las condiciones políticas globales en el Mediterráneo llevaron a dos guerras entre Venecia y los turcos: la guerra de Candia (1645-1649) y la de Morea (1684-1699). En la primera de ellas, la zona de Solin con Klis nuevamente fue escenario de grandes batallas, ya que el fuerte era un punto estratégico sobre el paso montañoso que la República tenía que conquistar para así poder controlar el interior, hacia Sinj y, más allá, hacia Knin y Livno. En el año1648, bajo el comando del general Leonardo Foscolo y otros muy respetados comandantes de la época, se juntó en la campiña de Solin un numeroso ejército veneciano compuesto de muchas tropas de mercenarios y de habitantes locales croatas. Ellos atacaron Klis y lo conquistaron en una batalla breve que duró tan solo unos días. Sin embargo hasta la derrota de los turcos cerca de Sinj, en el año 1715, los enfrentamientos, las luchas y los saqueos eran constantes. Después del mencionado suceso, que todos los años se celebra en Sinj con el juego caballeresco llamado Alka, la frontera se corrió lo suficientemente lejos como para que reinara la paz en toda la zona.

El área de Solin después de la expulsión de los turcos: la administración veneciana, francesa y austríaca

El área de Solin aguardó el fin de las guerras véneto-turcas y la liberación de Solin (1647) y de Klis (1648)  abandonada y devastada. Posteriormente, a fines del siglo XVII, el general Leonardo Foscolo pobló la abandonada y despoblada área de Solin y Vranjic, la zona hacia Kaštela, Solin, Klis y la zona alrededor de Kamen con más de seiscientas familias, principalmente del interior cercano de Dalmacia (Dalmatinska Zagora), en su mayoría de Drniš. Ellos consigo trajeron su modesto patrimonio: algunos rebaños de ovejas, algo de ganado mayor y algunos caballos. Los que llegaban eran de distintas confesiones: había también musulmanes y ortodoxos que, al llegar a estas tierras, aceptaban el catolicismo en busca de trabajo en los campos de los terratenientes de Split y Kaštela. Es interesante mencionar que los inmigrantes también trajeron sus costumbres, palabras, nombres y apodos, aunque paralelamente a estos también se mantuvieron en uso algunos más antiguos, de origen turco. Su procedencia étnica y lingüística, al igual que la época y algunos acontecimientos aún hoy se pueden reconocer en muchos  nombres propios y apellidos, así como en distintos topónimos (Meterize, Majdan, Arapovac, Megdan, Markezina greda itd.).Los inmigrantes estaban obligados a hacer el servicio militar y a defender el área poblada. Esto se debía especialmente a que, hasta la batalla cerca de Sinj en el año 1715, las tropas turcas desde el interior ocasionalmente se abalanzaban hacia Klis y la campiña de Split, saqueando la zona y generando enfrentamientos.

En el siglo XVIII la agricultura y la ganadería empiezan a regenerarse limitadamente, condicionadas por circunstancias naturales y económicas. Alrededor del año 1725, según el censo de la archidiócesis de Split, en el área de Solin y Vranjic vivían algo más de seiscientos habitantes, que era un número relativamente grande. Por el contrario, el propio Solin no creció significativamente, quedándose así al nivel de las pequeñas poblaciones de ese entonces que se fundaban o se regeneraban por toda Dalmacia. A pesar de eso, Solin tenía cierta importancia económica por los antiguos y nuevos molinos y batanes construidos en el río de Solin, que prestaban sus servicios a un amplio territorio tanto en la costa como en el interior. En ese período también se arreglan, remodelar y construyen nuevas iglesias de formas y decoraciones simples y un ambiente íntimo, siguiendo el modesto estilo barroco rural dálmata. Una fuente histórica del año 1658 menciona que en Kamen, un pueblo fundado después de la retirada de los turcos del área de Solin, se erigió una nueva iglesia consagrada a San Miguel (Sv. Mihovil). Algo similar sucedió en las aldeas y pueblos vecinas. Es así como la iglesia de Klis fue dedicada a la Asunción de la Virgen y la de Vranjic a San Martín. En Solin se erigió la iglesia de la Virgen de la Isla (Gospa na Otoku).

Las ruinas de Solin ya en el Renacimiento despertaban interés: el escritor y humanista croata Marko Marulić, natural de Split, junto con Dmino Papalić, un miembro de la nobleza, paseaba por esta zona recolectando y anotando inscripciones romanas. Pero también hubo otros que las recolectaban con intenciones no tan nobles. Un ejemplo de eso es el gobernador veneciano P. Valier, quien en el año 1678 recompensó con las piedras de las construcciones de Solin al poeta J. Kavanjin por los servicios que había prestado a la República, facilitando así las ambiciones de construcción personales del poeta. En el año 1711, también se le concedió permiso para usar las piedras de Solin al arzobispo de Split S. Cupillio. A fines del siglo XVIII al gobernador de Zadar se le enviaron muchos baúles llenos de piedras y esculturas. Existen muchísimos ejemplos similares y entre los menos drásticos, habría que mencionar que los habitantes de Split, Vranjic y Solin al construir sus casas a menudo en ellas empotraban esculturas romanas, inscripciones, fragmentos arquitectónicos y otras piedras antiguas. En su libro “Topografía y excavaciones de Solin”, publicado en Trieste en el año 1859, F. Carrara dice lo siguiente: “La historia nos revela las razones por las que se devastaban las ruinas que - como dije al comienzo – más que por la barbarie de sus ancestros, fueron destrozadas por el vandalismo de sus nietos. Salona siempre fue una cantera para los nuestros (para los locales). En gran parte con sus ruinas se erigieron en el siglo XV el campanario de Split y la catedral de Trogir, de ahí los vénetos tomaban el material para algún palacio, los de Split para sus murallas, los de Solin en cualquier momento para cualquier tipo de construcción…”. Sin embargo hay que mencionar que esa situación  que se dio con las ruinas de Solin, no era una excepción de lo habitual en la Europa contemporánea. Las cosas hechas por los gobernadores venecianos, los capitanes militares y los comandantes locales no estaban dirigidas solo a Salona ni con la intención de destruir sus monumentos, como dicen los que ignoran el tema y/o están mal informados. Para mucha gente sin educación, aún hoy en día es normal sacar piedras de las ruinas de una ciudad de piedra abandonada, que de por sí ya está “arruinada”. Esa era una práctica conocida en toda Europa llena de pragmatismo o bien de la vida común, o a veces de las estrategias militares que, por ejemplo, ordenaron la destrucción del anfiteatro de Salona.

A comienzos del siglo XIX crece el clima cultural y espiritual en el cual los hallazgos arqueológicos gradualmente ganan importancia y valor, empezando a ser reconocidos a nivel general: empiezan a recolectarse en colecciones y museos (el Museo arqueológico de Split fue fundado en el año 1820), se escriben libros sobre ellos (F. Lanza, F. Carrera) y los documentan con lápices y pinceles (además de P. Zečević, por ejemplo, también los pintó el médico F. Bratanić) tanto de los habitantes locales como de los viajeros extranjeros y de los pintores ambulantes.

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